lunes, 5 de diciembre de 2011

Los políticos de Balears "destierran" a Cela.


El legado mallorquín de Cela podría trasladarse definitivamente a Galicia

El hijo del Nobel y Charo Conde, que ha iniciado conversaciones con instituciones gallegas, desiste de sus intentos por que el patrimonio del escritor se quede en la isla

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Camilo José Cela Conde, Lourdes Aguiló, Montserrat Casas, María Payeras y Pere Joan Martorell, en la presentación de la Fundación.
Camilo José Cela Conde, Lourdes Aguiló, Montserrat Casas, María Payeras y Pere Joan Martorell, en la presentación de la Fundación.  Guillem Bosch
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M. ELENA VALLÉS. PALMA Los bienes mallorquines del Nobel Camilo José Cela y Charo Conde podrían abandonar la isla en breve por dejadez de las instituciones locales. El hijo de la pareja, Camilo José Cela Conde, confirmó a este diario que ya ha tenido lugar “alguna conversación con instituciones gallegas”. El articulista de este periódico no quiso desvelar aún con cuáles, pero señaló que, tras intentar que el legado de su padre se quedara en Mallorca –el lugar donde debería estar–, “lo suyo sería que se trasladara o a Galicia, de donde era oriundo, o a Madrid, donde escribió algunas de sus obras más importantes como La familia de Pascual Duarte”, apuntó. Si finalmente ganara la partida el destino gallego, Cela Conde considera que los dos únicos lugares con sentido para albergar los bienes de sus padres –que llegaron en 1955 a Mallorca para quedarse a vivir– serían o la fundación del escritor en Iria Flavia o la Cidade da Cultura en Santiago de Compostela.

Así las cosas, quedan frustrados ocho años de intentos por parte de Cela Conde para que los bienes de su padre permanezcan en Mallorca. Y eso que parecía que los acuerdos fructificaban tras el anuncio en la Universitat de les Illes Balears (UIB) hace dos años de la creación de la Fundación Charo y Camilo José Cela. La historia parece que terminará, finalmente, como la crónica de un fracaso. Una historia que arrancó, como explica el propio Cela conde, en 2003, cuando murió su madre Charo. “Poco a poco, fui descubriendo el legado que había ahí, una material de interés académico, histórico y museístico”, relata el también catedrático de la UIB. Las primeras conversaciones las mantuvo con la alcaldesa en aquellos momentos, Catalina Cirer, y su concejal de Cultura, Rogelio Araujo. “Vieron los bienes y me dijeron que se tenían que quedar en la isla y que había que crear un museo”, prosigue. Mientras los servicios jurídicos preparaban el convenio para poner en marcha la fundación, las elecciones asomaban el hocico. “Ante los comicios preferí esperar un poco para continuar con aquello, y entró al final un nuevo equipo de gobierno en Cort. Hube de volver a empezar con todo”, explica. Las reuniones volvieron a producirse, sólo que esta vez las caras eran otras: la de la exalcaldesa Aina Calvo, la de la exconcejal de Cultura Nanda Ramon o la del exconseller de Presidencia Albert Moragues. Una vez más Cela Conde recibió luz verde para crear la fundación, pero con la diferencia de que los nuevos políticos le expresaron que la fundación debía ser privada –a diferencia de lo que ofrecía Cirer, quien optaba por crear una entidad pública– y que debía contar también con el apoyo del Govern. Las negociaciones con el Consell también se iniciaron, “pero llegó un momento en que nadie me cogía el teléfono, y jamás recibí la carta de intenciones que dijeron que me enviarían”.


Publicado en DIARIO DE MALLORCA

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