miércoles, 17 de junio de 2015

Humor en libertad condicional



Ahora resulta que no les gusta el humor negro. Entonces, que Chumy Chúmez se vuelva a morir. Resulta que muchos de los que fueron “Charlie Hebdo” ahora reniegan ser Zapata. Resulta que muy pocos deben conocer a un tal Louis CK, que en Estados Unidos llena teatros con sus monólogos de una crudeza tal que dejan en cuento de hadas lo de la revista satírica francesa y lo del concejal de Madrid, sin que en la puritana America haya mandado a la silla eléctrica al cómico, guionista de cine y televisión, actor y productor, a pesar de, no sé si como parte de su broma, haber mandado salir a los espectadores judíos de la sala en la que actuaba: “Si ustedes notan la presencia de un judío, llamen al acomodador y él se encargará”, dijo dirigiéndose al público al empezar su show.  
 En mi vida profesional como humorista gráfico, que empezó en 1970 cuando ÚLTIMA HORA me publicó por vez primera una viñeta, no creo haber ofendido a nadie por razones de sexo, raza, religión, procedencia y una larga nomina de posibilidades de agravio. Siempre han sido los políticos y los poderosos, por sus acciones, el blanco de mis críticas, siempre apuntando hacia arriba, nunca hacia abajo, parafraseando al crítico Monegal. Pero seguro estoy de que más de uno se habrá sentido ofendido, por no entender o aceptar la crítica. No es mi problema.
  Ahora se ha desatado la tormenta contra el concejal de Madrid por unos inconvenientes chistes de hace años, según él, en un contexto de discusión sobre los límites del humor, como si el humor tuviera límites. Porque si poco me gusta lo que escribió Zapata, menos me gusta el aprovechamiento político que del chiste de mal gusto se hace. Otra cosa son los judíos, que tienen todo el derecho del mundo a expresar su repulsa como directamente ofendidos.
 Repasando algunas de las barbaridades que han dicho no pocos políticos en el ejercicio de su cargo, si tal como se pide al de Podemos se hubiera exigido la dimisión de los insultadores, el número de dimitidos, especialmente del PP, hubiera sido importante, aunque dudo que alguien hubiera dimitido. 
 Cuando se habla de libertad de expresión, lo que realmente se pide en España, país de malhumorados, es libertad condicional de expresión. No me ha hecho falta ninguna ley para regular hasta dónde quiero llegar con mis dibujos. Otros no se han impuesto límites, porque esos límites son casi infinitos y están en la aceptación y comprensión de cada individuo, siendo imposible pretender que todo el mundo esté contento. 
 Como el humor casi siempre ofende a alguien, si hay que poner barreras, vayan tomando nota: No a chistes de judíos, ni de cristianos, ni de musulmanes, ni de catalanes, ni de maños, ni de gangosos, ni de reyes, ni de poetas, ni de futbolistas, ni de sacristanes, ni de bomberos, ni de mariquitas, ni de tacaños, ni de banqueros, ni de maestros, ni de putas, ni de monjas, ni de cojos, ni de mudos, ni de tontos, ni de sabios, ni de políticos, ni de enanos, ni de policías, ni de..., porque ya se sabe: todo el humor es peligroso y puede ser usado en contra del que lo practica. 

Pep Roig (Artículo publicado en el diario "Última Hora" 17-06-15)


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