domingo, 14 de mayo de 2017

En Corruptolándia: ¿Corruptenses, corruptocitanos, corruptolianos?




Lo de la corrupción en las altas esferas de la política y las finanzas ha llegado a tal punto que estoy convencido de que ha llegado el momento de esos privilegiados puedan crear un estado propio, de los ricos, desligado de la población de gente corriente, con su trabajo, su paro, sus corruptelas de poca monta.
Lo digo porque ya están viviendo en su propio mundo en el que los “indios” estamos de comparsas, aplaudiendo y pagando los quebrantos que su corrupción causa al “país de los pobres”, desde sus escaños públicos o despachos privados.
Tal país de los todopoderosos mangantes podría llamarse “Corruptolándia”, por ejemplo. No estoy seguro de cómo se denominarían sus habitantes: ¿Corruptenses? ¿Corruptocitanos? ¿Corruptocitenses? ¿Corruptolianos? Aunque eso no sea tan esencial ni urgente; ya se verá, porque lo importante es que tengan nacionalidad propia que les distinga. En su nación, además, el ser corrupto no sería motivo de escándalo, crítica o persecución. Al contrario, devendría en requisito indispensable, mientras que la honradez sería considerada delito y causa de prisión por desorden público y amenaza a la convivencia nacional.
Tengo claro que eso es una tontería, porque los corruptos no se consideran como tales y más si gozan del sistemático apoyo del Gobierno de turno, y teniendo en cuenta lo que se dice de la financiación ilegal de los partidos por parte de los grupos económicos y empresariales.


  Así pues, no nos queda más remedio, a la clase media y trabajadora que seguir viviendo atrapados en la corrupción de los corruptos sin escrúpulos y esperar que alguna vez nos toque a nosotros

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